En la más álgida noche tu recuerdo me llama
y me habla muerto como un sueño al amanecer,
murmurando sufrimiento y gritando odio.
Me narra historias de amor con una sonrisa
por el frío quebrados, en sus labios muertos,
deseando penetrar en mis ínfimas ganas de vivir,
haciendo huir mis lágrimas junto al amor.
Pues sabe que hoy la muerte es mi único anhelo
y el dolor una acostumbrada y fría compañía,
de la que soñaba, iluso, con librarme
creyendo que tú me llegarías a amar.
Solo quería dedicarte un capítulo de mi vida,
hundir mi tristeza en nuestra felicidad.
Entregarte mi corazón, de sufrimiento teñido,
pues contigo ya no lo necesitaría.
Pero tu rostro ya no será iluminado por la luz
de un albor común, ya nada será como nunca fue,
ahora solo queda expirar en el tiempo.
Dejándote amor.