jueves, 29 de diciembre de 2011

Vergel para tu belleza.

La  vigilia de mi juicio
abraza la empatía de tu dolor.
Y roto en un silencioso sollozo,
desearía ser él.

Ser él, y recordar juntos
un tiempo mejor.
Huir de la agonía de vivir,
crear un vergel para tu belleza.
 
Poder rozar tu tez con mis dedos,
ver tu sonrisa cada mañana,
saber que un dulce recuerdo
empañará mi tálamo al morir.
 
Pues a través de mis pobres versos
se desliza escabrosa y desigual
la quimera que un día
ahogó mi dolor en el silencio.

Un dolor que sin rumbo ni ventura,
busca tu felicidad, 
pues tu amarga presencia
endulza mi infame desconsuelo.

Y el alba de mi anochecer te evoca
para burlarse de un ser casi inerte,
al que no le queda otra cosa 
que un vago recuerdo del amor.
 
                                                                                Alberto Romero Pita

Poema quebrado a mi cordura.

 No pienso en el dolor de perder,
ni en la rutina de un mañana mejor,
mi frío no abraza tu amor,
hoy todo me parece estar muerto.

El dolor me da puñaladas limpias
en el frío anochecer de mi alma.
¿Dónde está ese "Dios" que me ama?
Nada existe, ahora que el llanto es joven.

Un llanto cruel y agnóstico,
que trae con él un mensaje póstumo,
un recuerdo olvidado y tardío,
que viene acompañado de la más fría humillación.
  
 La humillación de ser perseguido
por el miedo de no volver a verte,
una vileza que rompe el encanto de la muerte
con un doloroso y sumiso pesar.

Hoy el dolor me acompaña con tu imagen.
Ambos fundidos en cuestión con mi sentir
gradúan emociones y evitan escribir
la nota que concluya el réquiem de mi sufrimiento.  
                                      
                                                                          Alberto Romero Pita.